
Ahora ya sabemos que hizo aquella noche, en la que la democracia pendia de un hilo. Cojió el teléfono, harto de que Tejero acojonara al pueblo a punta de pistola, de que sacara tanques por las calles de Valencia, autorizados por Milans del Bosch, y le dijo:
-¿por qué no te callas?- Y es que nuestro rey es así.
Seguro que luego pensó que se tenia que haber mordido la lengua -para una conferencia en la que no se duermo, cachis-. Si se hubiera quedado dormidito, con sus ronquiditos, nada de este revuelo se hubiera producido, no nos acordariamos de la cumbre, és más nadie sabe bien para que era la reunión de amigos.
Quizá, para acabar su reinado por todo la alto, solo quizá, deberia hablar con Peñafiel y soltar su frase, todo le iria mejor. Pero bueno, ¿por que no me callo?

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